MI GORRIÓN
Tuve en mis manos un gorrión que me cantaba,
colchón de plumas bellas,
patitas de flauta dulce,
voz de aguas calmas.
Yo lo tuve, ¡sí señor!, muy cerquita de mi pecho,
durmiente pordiosero,
amante de mi invierno y
enamorado de mi pelo.
Y por ahí salió buscando
un manojo de aires nuevos;
una espiga,
un poema el calor y su recuerdo
me custodian hoy a mí.
Tuve en mis manos un gorrión
con alas delta,
vendedor de mil quimeras,
cigarrillo cantarín,
con ojitos de alelí
y un costal de plumas nuevas
que me besan en la frente
cuando no puedo dormir.
Tuve un gorrioncito no enjaulado
que se vino a robar el
alpiste de mis labios...
María Eleonor Prado Môdinger – Chile
El poemario en versión digital
GIRAPOEMA en formato de revista digital gracias a Dennis Mariella.
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HERMANA
Mírame, ¿qué ves en mi rostro?
Háblame, ¿qué escuchas en la música?
Mírame, ¿puedes abrir los ojos?
No, no puedes.
Tu rostro pálido, tus ojos en blanco
Oh, como odio este lugar
Cuanto deseo que sea un sueño
Si lo es, deseo despertar.
No estas muerta, conectada estás
Yo debería estar ahí, en tu lugar
Deberías estar jugando, con tu bola de cristal
Y no acostada en cama, en estado vegetal.
Mis ojos se cierran, ¿dormiré?
Y si es así, ¿a donde soñaré?
Deseo flotar, en un bosque sin igual,
Donde tu y yo juguemos sin parar.
Pero cuando abra los ojos, veré la realidad
No estas muerta, conectada estas,
Y yo aquí me quedo, en silencio
Y mi voz no aparece, esto no es un sueño
Mamá dice que despertarás
Papá ha venido a verte
Están juntos por ti, hermana
Háblame ¿te queda vida?
Cuando sea grande seré como tú
Tan alegre, tan hermosa
Y tendré un novio como el tuyo
Y a mi hija le pondré tu nombre.
Por favor hermana, despierta.
El silencio me asusta
Quiero oír tu voz
Quiero oír tu risa.
Háblame ¿despertarás?
Pablo Croquevielle – Chile
Mírame, ¿qué ves en mi rostro?
Háblame, ¿qué escuchas en la música?
Mírame, ¿puedes abrir los ojos?
No, no puedes.
Tu rostro pálido, tus ojos en blanco
Oh, como odio este lugar
Cuanto deseo que sea un sueño
Si lo es, deseo despertar.
No estas muerta, conectada estás
Yo debería estar ahí, en tu lugar
Deberías estar jugando, con tu bola de cristal
Y no acostada en cama, en estado vegetal.
Mis ojos se cierran, ¿dormiré?
Y si es así, ¿a donde soñaré?
Deseo flotar, en un bosque sin igual,
Donde tu y yo juguemos sin parar.
Pero cuando abra los ojos, veré la realidad
No estas muerta, conectada estas,
Y yo aquí me quedo, en silencio
Y mi voz no aparece, esto no es un sueño
Mamá dice que despertarás
Papá ha venido a verte
Están juntos por ti, hermana
Háblame ¿te queda vida?
Cuando sea grande seré como tú
Tan alegre, tan hermosa
Y tendré un novio como el tuyo
Y a mi hija le pondré tu nombre.
Por favor hermana, despierta.
El silencio me asusta
Quiero oír tu voz
Quiero oír tu risa.
Háblame ¿despertarás?
Pablo Croquevielle – Chile
CUENTA CONMIGO
A Alejandra, Q.E.P.D.
10-04-1958 - 29-07-2007
Para despegar,
para dejar atrás,
para volar y
escapar.
Cuenta conmigo.
Porque no me iré
sin recordar tus ojos.
Cuenta conmigo.
Porque no dejaré sola
tu heredad.
Cuenta conmigo.
Porque nunca olvidaré
tu risa, ni tus ganas,
tu llanto o tus penas.
Cuenta conmigo.
Porque me enseñaste
tanto.
Cuenta conmigo.
Para contar, para llorar,
para esperar, para llegar…
Cuenta conmigo.
Porque nunca olvidaré
tu primavera
y tu música y tus sueños;
nunca olvidaré
tu camino, que nunca fue en vano,
y que en mí quedará
como una estela perenne
dibujando tus pasos
por mi vida.
Cuenta conmigo.
Porque tu risa
quedará,
tus palabras
quedarán,
tu vida
quedará
y adonde quiera que esté
irán conmigo.
Cuenta conmigo.
Y tantas canciones
sonarán
y al escucharlas
me traerán tu memoria,
pues, tú me las mostraste.
Porque no estás
sola
y no lo estarás.
Cuenta conmigo.
María Luisa Landman R. – Chile
A Alejandra, Q.E.P.D.
10-04-1958 - 29-07-2007
Para despegar,
para dejar atrás,
para volar y
escapar.
Cuenta conmigo.
Porque no me iré
sin recordar tus ojos.
Cuenta conmigo.
Porque no dejaré sola
tu heredad.
Cuenta conmigo.
Porque nunca olvidaré
tu risa, ni tus ganas,
tu llanto o tus penas.
Cuenta conmigo.
Porque me enseñaste
tanto.
Cuenta conmigo.
Para contar, para llorar,
para esperar, para llegar…
Cuenta conmigo.
Porque nunca olvidaré
tu primavera
y tu música y tus sueños;
nunca olvidaré
tu camino, que nunca fue en vano,
y que en mí quedará
como una estela perenne
dibujando tus pasos
por mi vida.
Cuenta conmigo.
Porque tu risa
quedará,
tus palabras
quedarán,
tu vida
quedará
y adonde quiera que esté
irán conmigo.
Cuenta conmigo.
Y tantas canciones
sonarán
y al escucharlas
me traerán tu memoria,
pues, tú me las mostraste.
Porque no estás
sola
y no lo estarás.
Cuenta conmigo.
María Luisa Landman R. – Chile
OJALÁ ME REFLEJARA
Sin nombres
Ni veredas caminadas, decir
Que todo el silencio pasa por estos poemas.
Soy, además de ti, un incansable estruendo
Jamás escuchado,
que nace de nubes precipitadas
Volátiles
En aquella esquina
Donde puedo parar a esperar(te),
Respiro (!)
Necesito esta ventana abierta
Como una mirada desde el sesgo
Por donde el manantial resucita:
Mis ojos,
Densos en locura que recorre
Sin final, sin nombre,
Aquello que escondemos
Tan abajo como la tierra.
Javier Sepúlveda - Chile
Sin nombres
Ni veredas caminadas, decir
Que todo el silencio pasa por estos poemas.
Soy, además de ti, un incansable estruendo
Jamás escuchado,
que nace de nubes precipitadas
Volátiles
En aquella esquina
Donde puedo parar a esperar(te),
Respiro (!)
Necesito esta ventana abierta
Como una mirada desde el sesgo
Por donde el manantial resucita:
Mis ojos,
Densos en locura que recorre
Sin final, sin nombre,
Aquello que escondemos
Tan abajo como la tierra.
Javier Sepúlveda - Chile
Traigo la lluvia a tu mar de esquina,
ancla suelta.
Espera, paciente, a que despeje la niebla.
Borrada del mundo, de frente en la orilla,
arranca descalza, sonámbula, sin respuestas.
Quién eres, si no alcanzo a verte;
qué quieres, si del cuello vierte mi pulso.
No hablas. No te resistes.
Al quedar la casa, sola,
la ciudad escucha sus quehaceres;
Quellón de verde sordo,
gris de pino, rumor de sed.
Tras la puerta, se dice
guardabas reloj y celibato;
los ojos que te cavan, hiel de palo santo;
un reojo de Chilote a su tierra de exterior.
Me repites sin saber
si cruzas los pliegues de esta lengua,
sin saber, te tientas a esta historia;
historias de perdido, niño, perdido,
cóncavos de tanta leña (y un par de mar).
La tarde en la calle desmenuza
los mitos en cada piedra;
esa lluvia nos sorprende a media noche.
Abiertos los vendajes, nos contamos
por el cuerpo los restos
de la alquimia,
sin expectativas, objeciones,
extraño de ti, como yo
de tus andazas secas.
Gabriel Larenas – Chile
ancla suelta.
Espera, paciente, a que despeje la niebla.
Borrada del mundo, de frente en la orilla,
arranca descalza, sonámbula, sin respuestas.
Quién eres, si no alcanzo a verte;
qué quieres, si del cuello vierte mi pulso.
No hablas. No te resistes.
Al quedar la casa, sola,
la ciudad escucha sus quehaceres;
Quellón de verde sordo,
gris de pino, rumor de sed.
Tras la puerta, se dice
guardabas reloj y celibato;
los ojos que te cavan, hiel de palo santo;
un reojo de Chilote a su tierra de exterior.
Me repites sin saber
si cruzas los pliegues de esta lengua,
sin saber, te tientas a esta historia;
historias de perdido, niño, perdido,
cóncavos de tanta leña (y un par de mar).
La tarde en la calle desmenuza
los mitos en cada piedra;
esa lluvia nos sorprende a media noche.
Abiertos los vendajes, nos contamos
por el cuerpo los restos
de la alquimia,
sin expectativas, objeciones,
extraño de ti, como yo
de tus andazas secas.
Gabriel Larenas – Chile
CAMANCHACA
Sobre la llama
cortas al viento despeinando sueños
en el beso altiplánico.
Boca de camanchaca
y labios de arena en la noche del Valle.
Te cabalgo desnudo
para que vean los ¿conquistadores?
como te entregas
al furor de las etnias.
Para Pamela,-compartiendo el misterio de las fatas morganas.
El remolino rompe en alguna plaza de La Paz y se empina
sobre todas las agujas de las iglesias olvidadas
los santuarios de lana y las estatuas de maíz.
Sobre los ancestrales estadios del floreo.
Cometa de gas y de petróleo
de nieve y soledad
el remolino desciende hasta las aguas titicacas
para enredar su sed.
Parece un hongo nagazáquico
volando el Altiplano
un extraño platillo volador
buscando el ovnipuerto de las Líneas de Nazca.
Detrás de las cumbres
el espejismo es señor de las distancias
y una naranja de luna se lanza hacia Occidente.
El tornado planea a ras de la ciudad.
Frota los tejados
se moja en los oasis
casi se intoxica con el polvo rojo
y se muere de sol en el parque central.
La gente solo ve el desorden de hojas las veredas barridas
y un concierto infrecuente de perros callejeros.
La gente que vive a cielo abierto en su infierno cerrado
no desacostumbra sus vivencias
y piensa en el invierno que amanece.
Otra vez el remolino se levanta de su lecho de polvo
colimando el hogar de la niña que crece
entre las pesadillas que le llevan al sur.
Cuando los moradores de Chuquicamata regresan al asfalto
apenas alcanzan con la nube elevada
y su estela morena.
Entonces
un concierto de llamas y de alpacas
de abejas y guanacos
entona un himno medio réquiem
sobre los coros citadinos.
Los empresarios destraban sus ventanas.
Las gerencias bilingües hacen un minuto de silencio
El segundo turno se burla del grisú.
La familia otea el infinito en espera de su Dios
de papa y de metal.
La ciudad es una voz Todo
entonando el cántico marcial de quién se va
A beber en las impuras aguas
del eclecticismo forzado.
Arriba no hay otra cosa que los tacones limpios de la niña
pataleando en la playa vacía.
Abajo es un plañido.
La hija del Gobernador que ha de volver
con ropa occidental adornada de plumas
gótica y barroca
tremendamente étnica sonora y transparente como los cristales de cobre
al fondo de la tarde.
Bajo el remolino
cortas mi carne acomodando despertares
en el beso metropolitano.
Boca de smog atemperado
y labios de macadán en la noche del Centro.
No te cabalgo desnudo ni te monto enropado
no galopo tus crines ni muerdo tus ijares.
Pero debería hacerlo
para que vean los conquistadores
como te entregas al furor de las etnias.
Luis Eme González - Chile
cortas al viento despeinando sueños
en el beso altiplánico.
Boca de camanchaca
y labios de arena en la noche del Valle.
Te cabalgo desnudo
para que vean los ¿conquistadores?
como te entregas
al furor de las etnias.
Para Pamela,-compartiendo el misterio de las fatas morganas.
El remolino rompe en alguna plaza de La Paz y se empina
sobre todas las agujas de las iglesias olvidadas
los santuarios de lana y las estatuas de maíz.
Sobre los ancestrales estadios del floreo.
Cometa de gas y de petróleo
de nieve y soledad
el remolino desciende hasta las aguas titicacas
para enredar su sed.
Parece un hongo nagazáquico
volando el Altiplano
un extraño platillo volador
buscando el ovnipuerto de las Líneas de Nazca.
Detrás de las cumbres
el espejismo es señor de las distancias
y una naranja de luna se lanza hacia Occidente.
El tornado planea a ras de la ciudad.
Frota los tejados
se moja en los oasis
casi se intoxica con el polvo rojo
y se muere de sol en el parque central.
La gente solo ve el desorden de hojas las veredas barridas
y un concierto infrecuente de perros callejeros.
La gente que vive a cielo abierto en su infierno cerrado
no desacostumbra sus vivencias
y piensa en el invierno que amanece.
Otra vez el remolino se levanta de su lecho de polvo
colimando el hogar de la niña que crece
entre las pesadillas que le llevan al sur.
Cuando los moradores de Chuquicamata regresan al asfalto
apenas alcanzan con la nube elevada
y su estela morena.
Entonces
un concierto de llamas y de alpacas
de abejas y guanacos
entona un himno medio réquiem
sobre los coros citadinos.
Los empresarios destraban sus ventanas.
Las gerencias bilingües hacen un minuto de silencio
El segundo turno se burla del grisú.
La familia otea el infinito en espera de su Dios
de papa y de metal.
La ciudad es una voz Todo
entonando el cántico marcial de quién se va
A beber en las impuras aguas
del eclecticismo forzado.
Arriba no hay otra cosa que los tacones limpios de la niña
pataleando en la playa vacía.
Abajo es un plañido.
La hija del Gobernador que ha de volver
con ropa occidental adornada de plumas
gótica y barroca
tremendamente étnica sonora y transparente como los cristales de cobre
al fondo de la tarde.
Bajo el remolino
cortas mi carne acomodando despertares
en el beso metropolitano.
Boca de smog atemperado
y labios de macadán en la noche del Centro.
No te cabalgo desnudo ni te monto enropado
no galopo tus crines ni muerdo tus ijares.
Pero debería hacerlo
para que vean los conquistadores
como te entregas al furor de las etnias.
Luis Eme González - Chile
LAS VOCES DEL AGUA
Cantarina y fresca es el agua entre las piedras,
Suele hablar de primaveras y milagros vegetales,
Reposa en remansos con sombreros de espuma
Y deja que los peces escriban sus relámpagos.
Sin embargo, ahora, puedo ver su llanto de cristal,
Tintineando con dolor en su carrera de moléculas.
Ya no reflexiona como antes la luz de la montaña,
Hundió todos los vuelos nerviosos en remolinos,
No esperó esa hoja que recién ayer le susurraba,
Porque le conmovía, hermana, tu dolor combativo,
Yo escuché tu nombre, Chepa, repetido mil veces.
En murmullos distintos y cada vez más diversos,
En réplicas terrestres para que, hoy, no murieras,
En súplicas del espacio, en el retorno de las aves,
En las esporas de un silencio estremecido de pena.
Yo escuché todas la voces del agua, hermana mía,
Que piden que resistas, pues vienen más batallas.
Julio Campos Ávila - Chile
Suele hablar de primaveras y milagros vegetales,
Reposa en remansos con sombreros de espuma
Y deja que los peces escriban sus relámpagos.
Sin embargo, ahora, puedo ver su llanto de cristal,
Tintineando con dolor en su carrera de moléculas.
Ya no reflexiona como antes la luz de la montaña,
Hundió todos los vuelos nerviosos en remolinos,
No esperó esa hoja que recién ayer le susurraba,
Porque le conmovía, hermana, tu dolor combativo,
Yo escuché tu nombre, Chepa, repetido mil veces.
En murmullos distintos y cada vez más diversos,
En réplicas terrestres para que, hoy, no murieras,
En súplicas del espacio, en el retorno de las aves,
En las esporas de un silencio estremecido de pena.
Yo escuché todas la voces del agua, hermana mía,
Que piden que resistas, pues vienen más batallas.
Julio Campos Ávila - Chile
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