HACIA TI
Amor que llegas hondo en la divina noche
platicando al silencio, enjuiciando al designio
Estrecharé tus manos a mitad de la niebla
Sin importarme penas ni castigos.
Bendita voluntad mis alas mustias
Volando sobre el fuego hacia tus labios
Siguiéndote, siguiéndote....
Cansado, moribundo, en este largo viaje.
No importa la tormenta, el crudo invierno
Apedrearé sin piedad las estaciones.
El dolor me ha enseñado que no hay dolor amargo
El amor es dolor sin amarguras.
¡Amor! ¡Amada! ¡Mía! Espérame en la noche
Callada. Quiero amarte, amarte. Quiero
Contar cientos de estrellas, regalarte.
Mi alma que ya es tuya, en fin, mi vida
José Manuel Tápanes Mijenes - USA
El poemario en versión digital
GIRAPOEMA en formato de revista digital gracias a Dennis Mariella.
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ENSÉÑAME
Enséñame la palma de tu mano
Que tu mano trae mito y realidad.
Enséñame tu fantasía
Que si coincide con la mía
La haremos realidad.
Enséñame la planta de tus pies
Que tus pies te traen
Tan cerca, tan cerca
Que no puedo respirar.
Enséñame esa melodía
Que llevas en tu andar,
Una danza, una alegoría
Que me hace suspirar.
Enséñame una vez más
Esa sonrisa que me dice tantas cosas
Y que calla tantas más.
Phrisma – USA
Enséñame la palma de tu mano
Que tu mano trae mito y realidad.
Enséñame tu fantasía
Que si coincide con la mía
La haremos realidad.
Enséñame la planta de tus pies
Que tus pies te traen
Tan cerca, tan cerca
Que no puedo respirar.
Enséñame esa melodía
Que llevas en tu andar,
Una danza, una alegoría
Que me hace suspirar.
Enséñame una vez más
Esa sonrisa que me dice tantas cosas
Y que calla tantas más.
Phrisma – USA
NUESTRA CENA CON UN ÁNGEL
Encontré anclado en el tiempo
un atardecer lejano,
con su capitán Juangriego
a quien sorprendió pescando.
Una cena junto al mar:
los niños iban brillando
con pinceladas de sal
que El Caribe había pintado.
De repente una figura,
de muy menuda presencia,
nos pedía con urgencia
las sobras de nuestra mesa.
Se detuvo aquella escena,
con su sol anaranjado,
con sus barquitos de perla
y sus recuerdos anclados.
Todos lo reconocimos:
un ángel había llegado,
tenia vergüenza al pedirnos,
mas el era el gran regalo.
Nos dijo, yo no hago ruido,
comeré abajo en la acera,
y masticaré escondido,
para que ustedes no vean.
Mas como darle las sobras,
de nuestra miseria humana,
si hemos anclado sus horas
a tan injusta batalla?
Con lágrimas en los ojos,
lo invitamos a la mesa,
fuimos testigos de un rostro
al que todos se asemejan.
El tenía nueve años:
mi hijo cedió su cena.
El se llamaba Gerardo,
el de las alas de seda.
Comió todo frente a él,
como saciando su sueño:
el de un día llegar a ser
un pescador de Juangriego.
Su padre vendía zapatos,
en una tienda del pueblo,
pero el decía que pescando
se aseguraba el sustento.
Ni por su ojito derecho
entraba el atardecer,
el decía que estaba ciego,
pero ese es su parecer.
Si nos negamos a ver
el hambre de sus caminos,
el ciego de proceder,
es culpable de su olvido.
Estamos ciegos de alma,
reyes de un reino vacío:
nos ve con alma descalza.
este angelito perdido.
No te olvidare, Gerardo,
pues te has quedado por dentro,
ya no en un puerto lejano
si no en ardiente recuerdo.
Su llama forjará sueños
y esa anhelada respuesta,
que dibuja el frágil vuelo
de tus alitas de seda.
Carmen Rojas Larrazabal - USA
Encontré anclado en el tiempo
un atardecer lejano,
con su capitán Juangriego
a quien sorprendió pescando.
Una cena junto al mar:
los niños iban brillando
con pinceladas de sal
que El Caribe había pintado.
De repente una figura,
de muy menuda presencia,
nos pedía con urgencia
las sobras de nuestra mesa.
Se detuvo aquella escena,
con su sol anaranjado,
con sus barquitos de perla
y sus recuerdos anclados.
Todos lo reconocimos:
un ángel había llegado,
tenia vergüenza al pedirnos,
mas el era el gran regalo.
Nos dijo, yo no hago ruido,
comeré abajo en la acera,
y masticaré escondido,
para que ustedes no vean.
Mas como darle las sobras,
de nuestra miseria humana,
si hemos anclado sus horas
a tan injusta batalla?
Con lágrimas en los ojos,
lo invitamos a la mesa,
fuimos testigos de un rostro
al que todos se asemejan.
El tenía nueve años:
mi hijo cedió su cena.
El se llamaba Gerardo,
el de las alas de seda.
Comió todo frente a él,
como saciando su sueño:
el de un día llegar a ser
un pescador de Juangriego.
Su padre vendía zapatos,
en una tienda del pueblo,
pero el decía que pescando
se aseguraba el sustento.
Ni por su ojito derecho
entraba el atardecer,
el decía que estaba ciego,
pero ese es su parecer.
Si nos negamos a ver
el hambre de sus caminos,
el ciego de proceder,
es culpable de su olvido.
Estamos ciegos de alma,
reyes de un reino vacío:
nos ve con alma descalza.
este angelito perdido.
No te olvidare, Gerardo,
pues te has quedado por dentro,
ya no en un puerto lejano
si no en ardiente recuerdo.
Su llama forjará sueños
y esa anhelada respuesta,
que dibuja el frágil vuelo
de tus alitas de seda.
Carmen Rojas Larrazabal - USA
OCASO
En plenitud de vida, surge lúgubre eclipse
quitando el brillo al oro y la esperanza al dolor,
marca a fuego sobre la piel el destino ulterior
eres piedra rodante sin freno en el declive.
Pregunta, ¿sobreviré? ahogadas en el sudor,
entre los desperdicios, las respuestas compiten.
La verdad te rehuye en la Ave María que repites,
este es tu gran momento en manos del benefactor.
La prisa, atrás queda labrada en marcas perennes
así inequívocamente certero arribarás
a la bahía donde el futuro fosforece.
La desnudez pecaminosa en el barro se ancla,
en el ocaso la mirada alegre languidece
con un cariñoso guiño la posta se pasa.
Carlos Bardellini - USA
En plenitud de vida, surge lúgubre eclipse
quitando el brillo al oro y la esperanza al dolor,
marca a fuego sobre la piel el destino ulterior
eres piedra rodante sin freno en el declive.
Pregunta, ¿sobreviré? ahogadas en el sudor,
entre los desperdicios, las respuestas compiten.
La verdad te rehuye en la Ave María que repites,
este es tu gran momento en manos del benefactor.
La prisa, atrás queda labrada en marcas perennes
así inequívocamente certero arribarás
a la bahía donde el futuro fosforece.
La desnudez pecaminosa en el barro se ancla,
en el ocaso la mirada alegre languidece
con un cariñoso guiño la posta se pasa.
Carlos Bardellini - USA
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