Yo quisiera vivir bien
Como las águilas que vuelan libres
Libres en las montañas
volando aun mas alto que las nubes
Respirar hondo el aire frió
de la cúspide blanca
abrir las alas, sentir
el viento en mis blancas plumas
libre como un pez
en lo profundo de el océano
poder mirarlo todo
Nunca dejar de luchar contra el frió
y al final de mi vida
mi alma gozará de la hermosa paz
Miguel Rojas – Costa Rica
El poemario en versión digital
GIRAPOEMA en formato de revista digital gracias a Dennis Mariella.
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LAMENTO PARA ALGUNA TEMPORADA
En los caminos antes del mediodía
hallaste el delirio y el ansia:
una mujer desprendiéndose del miedo
en la fatigada aurora del mundo.
Cada vez tuve más sueño
y más cansado me detuve a mirar la noche.
Cada vez fue más difícil
-detenido y temeroso-
tomar tu mano para esculpir mi falta.
¿Qué me pasa en estos días
que la mirada inunda las cosas
y las devuelve turbias y amargas?
Me quedo inútil hasta el alba.
El sol me llama,
y el sonámbulo encanto de Ana
me indica el camino y la sombra:
al borde final del hombre
duerme una piedra de sal y arena,
mi sangre arde y mi pecho urge
la pequeña delicia del tiempo.
Si al terminar la lluvia
aún me encuentras eterno,
no me dejes tendido en la hierba,
toma por el cuello al agua
congelada en tus ojos:
me dirás la muerte que tanto añoro.
Si al terminar la lluvia
no comprendo el polvo en tus manos,
el trigo bueno que me ofreces,
pasa de mí y no me nombres,
que en el nombre del dios que me cuentas,
yace toda la fiesta y la vigilia.
Ayer apenas tomaba la ropa
y dejaba de lado el misterio,
entretejía palabras de savia,
besaba tus sueños con denuedo.
Ahora paso de ti y me alejo:
que se arrepientan los muertos de haberme dejado,
mi remordimiento lo trago con miel.
Ayer apenas era un niño
y los amantes conocían el miedo,
suplían la vida, aceptaban la muerte.
Una travesía de palomas que llevo en el alma:
una travesía enorme que me duele.
Si al terminar la lluvia
aún estoy presente,
sin nada que ofrecerte, sin nada que pedirte,
con más dudas que canciones,
con más pesares que reencuentros,
deja de lado la miseria,
cubre tu voz con sábana húmeda
que abrigue tu cuerpo del fuego.
Si al terminar la lluvia
aún me detengo al borde del camino,
delirante y ansioso,
me dirás quién duerme, quién sueña,
quién fracasa, quién sabe,
quién se marcha o quién se queda,
quién eres ahora que te duele.
Gustavo Solórzano – Costa Rica
En los caminos antes del mediodía
hallaste el delirio y el ansia:
una mujer desprendiéndose del miedo
en la fatigada aurora del mundo.
Cada vez tuve más sueño
y más cansado me detuve a mirar la noche.
Cada vez fue más difícil
-detenido y temeroso-
tomar tu mano para esculpir mi falta.
¿Qué me pasa en estos días
que la mirada inunda las cosas
y las devuelve turbias y amargas?
Me quedo inútil hasta el alba.
El sol me llama,
y el sonámbulo encanto de Ana
me indica el camino y la sombra:
al borde final del hombre
duerme una piedra de sal y arena,
mi sangre arde y mi pecho urge
la pequeña delicia del tiempo.
Si al terminar la lluvia
aún me encuentras eterno,
no me dejes tendido en la hierba,
toma por el cuello al agua
congelada en tus ojos:
me dirás la muerte que tanto añoro.
Si al terminar la lluvia
no comprendo el polvo en tus manos,
el trigo bueno que me ofreces,
pasa de mí y no me nombres,
que en el nombre del dios que me cuentas,
yace toda la fiesta y la vigilia.
Ayer apenas tomaba la ropa
y dejaba de lado el misterio,
entretejía palabras de savia,
besaba tus sueños con denuedo.
Ahora paso de ti y me alejo:
que se arrepientan los muertos de haberme dejado,
mi remordimiento lo trago con miel.
Ayer apenas era un niño
y los amantes conocían el miedo,
suplían la vida, aceptaban la muerte.
Una travesía de palomas que llevo en el alma:
una travesía enorme que me duele.
Si al terminar la lluvia
aún estoy presente,
sin nada que ofrecerte, sin nada que pedirte,
con más dudas que canciones,
con más pesares que reencuentros,
deja de lado la miseria,
cubre tu voz con sábana húmeda
que abrigue tu cuerpo del fuego.
Si al terminar la lluvia
aún me detengo al borde del camino,
delirante y ansioso,
me dirás quién duerme, quién sueña,
quién fracasa, quién sabe,
quién se marcha o quién se queda,
quién eres ahora que te duele.
Gustavo Solórzano – Costa Rica
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